No sin mi lavadora

Esta semana estoy sin lavadora. ¿Os imagináis el caos que preside mi casa?

A partir de esta avería que descubierto que la lavadora es mi electrodoméstico favorito, destronando al hasta ahora rey aspirador.

Yo, que soy de lavadora diaria, no soy nadie sin ella. Mi casa está llena de ropa sucia: cestos llenos de calcetines, ropa interior, camisas, babis… Mis manos no aguantan más el frotar ¿pero esto no se había acabado?

Así me he visto. Cómo en tiempos pretéritos.

Así me he visto. Cómo en tiempos pretéritos.

Así que, ni corta ni perezosa, me he dicho que esto tenía que acabar. Carro en mano me he cargado de paciencia, y de ropa sucia, y he partido a la lavandería. Es mi primera vez, ¡qué nervios!

Un veterano del lugar (porque allí no hay nadie que te atienda) me ha ayudado con la primera puesta. Incluso me ha animado a que mientras se hacía la colada nos tomáramos un café. Invitación que he rechazado pensando que alguien pudiera acceder a la braga-faja que tenía en la lavadora y perder así el poco glamour que me queda en el barrio.

La lavandería de mi barrio no tiene ni la mitad de glamour que esta

La lavandería de mi barrio no tiene ni la mitad de glamour que esta

Definición de lavandería: aburrimiento.

Al fin acaba la colada pero… cómo te vas a llevar la ropa mojada. Pues nada. Paciencia, más monedas, y a la secadora. Pero No se puede meter toda la ropa junta (me dice el enterado) hay que hacerlo por paquetes y esperar. Y esperar.

Y por fin acaba pero, cómo la llevo ahora a casa. ¿En el mismo carro donde la traje sucia? ¿en bolsas? ¿hago fardos y los porto sobre la cabeza? Al final me decido por el carro. Y me voy corriendo a mi casa rezando porque alguien repare mi lavadora ya.

¡A Dior pongo que testigo que nunca más sin mi lavadora!