El acoso escolar no es una “cosa de niños”

 

 

Todo empezó, cuando la pequeña comenzó a tener dolores de tripa cada día, según se levantaba. No parecía haber ninguna causa física, por lo menos, los médicos no la encontraba. Ella estaba triste, dejaba de jugar, no quería estar con sus amigas, no le apetecía ir al colegio, lloraba por las mañanas porque sentía dolor. Muchas pruebas más tarde descubrieron que el problema no estaba causado por ninguna intolerancia alimenticia, ninguna bacteria. En realidad, el problema estaba en el aula, en su colegio,ella sufría acoso escolar.

Esta es la historia de una pequeña, digamos Marta, y de cómo en silencio sufría. Cada día hacía frente, ella sola y en silencio, a las risas y los abusos de otros compañeros. La pequeña nunca se planteó contar nada a su madre e incluso llegó a sentir que ese dolor era real. Pero, lo que de verdad le dolía eran las risas, que la escupieran y empujarán cada día en el patio.

 

acoso escolar o bullying

 

Desgraciadamente el caso de Marta, no es único. Hay muchas Martas (o Juanes) en todos los colegios. El acoso ha existido siempre, no es una novedad derivada de los nuevos modelos de relaciones. En mi colegio había abusones y agredidos. Yo fui una niña a la que hicieron bullying, que fue acosada, pero eso -si llega el caso- lo contaré en otro momento.

Hoy escribo esto para dar visibilidad a la historia de Marta. Desde aquí quiero denunciar que existen muchas niñas como ella y que el resultado de eso acoso, en multitud de ocasiones, es el mismo: la víctima no solo se enfrenta a las consecuencias físicas y psicológicas del acoso, sino que una vez ha sido denunciado y tratado el problema, también se enfrenta a la exclusión por parte de los otros.

 

acoso escolar o bullying

 

A Marta y a su familia  les ha costado asumir que su hija estaba sufriendo acoso escolar. Sus padres le pedían que fuera fuerte, dura, que es enfrentarse a los agresores. En un primer momento, sus padres, pensando que hacían lo mejor para ella. Intentaron que la situación se solucionará entre los propios niños. La inculcaban que defendiera lo que era suyo y que no se dejase avasallar por otros. La situación sólo se agravó.

 

No son cosas de niños

Cuando decidieron dar el paso y denunciar ante el colegio el acoso al que estaba siendo sometida su hija no solo se encontraron con la incomprensión. Les decían que eran cosas de niños, que no habían notado nada anormal. También vieron como los otros padres, con los que han hasta entonces había una relación de amistad, les daban la espalda. La solución fue que la víctima del bullying, Marta, no tuvo más alternativa que cambiar de colegio, que alejarse de unos agresores contra los que nadie hacía nada. 

 

acoso escolar o bullying

 

Al final Marta no solo ha pagado las consecuencias del acoso mientras estaba en el colegio. Ha continuado siendo la víctima después: ha tenido que cambiar de colegio, de amigos, de vida.  Mientras, los agresores, siguen campando a sus anchas sin ninguna responsabilidad. Disfrutan de sus amigos, de su vida social, de sus relaciones como si nada hubiera pasado. 

Estas situaciones me crispan. ¿Dónde está la justicia para estos niños? ¿Por qué ellos tienen que pagar hasta las últimas consecuencias de las acciones de otros? Sin duda, los padres, una vez más tenemos mucho que aportar y decir.