#Unoalmes: Talco y bronce novela negra española

González Glez es un artista de la palabra. La escritura le sale como el respirar, fluida, sin esfuerzo aparente. Así es Talco y Bronce una novela negra protagonizada por macarras, quinquis, choris y pasma. Una historia de barrio, de huidas y, como parece que no puede ser de otro modo en España; de corrupción.

Pluma ágil, diálogos que brotan de las tripas y un magistral uso del argot de los 80.

Fue a enterar al taxi y el de la secreta saca un puro y llevárselo al bigote. Entonces el taxista le advirtió:

– Si sabe leer, el que avisa no es traidor.

– Y señaló un cartel en el salpicadero, junto al escudo del Real Madrid y donde ponía:

Si tu fumas yo me tiro pedos.

Como dice en la portada, un libro en el no se sabe qué hacer cuando la policía inspiran menos confianza que los propios delincuentes.  Porque ¿quién es el malo? O mejor dicho, quién es peor que otros.

 Talco y bronce novela negra

La historia nos lleva a barrios marginales de Madrid donde una banda se ocupa de perpetrar algunos robos con bastantes buenos resultados. Dibujados como en la película Perros Callejeros o Navajeros, adictos a una banda sonora de su vida entre las que destaca Manzanita y Los Chunguitos, y con la droga como aliada; van dando palos. Santi Corella, “el Nani”, aparece en la obra pero como un personaje secundario, ya que los protagonistas son Chuqueli, un pequeño delincuente, y una princesa de barrio apodada la Malata.

El fin no es detenerles. Estamos en una España post franquista en la que todos quieren llenar las arcas en los bajos de la Puerta del Sol antes de que lleguen los socialistas y la incertidumbre.

Arriba la golfería, abajo la policía”, insiste una y otra vez Montero Glez. La frase, mantra en Talco y bronce, resume una maravillosa novela negra que va de menos a más, que engancha como una droga y que pone patas arriba el orden natural de las calles. La bofia tiene más peligro que los chorizos.

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