La abuela

Hace unos días viví una situación que me provocó un nudo en el estómago. Una vivencia que quiero compartir con vosotras. Una situación que me hizo sentir culpa. Porque yo hubiera reaccionado tal y como aquella mujer pensaba que lo haría su hija. Porque me sentí desagradecida y (entendedlo bien) hasta un poco despreciable.

Es una historia que pasa una tarde cualquiera en una parada de autobús de una línea indefinida. Una historia de una abuela y un nieto. De una abuela inquieta, preocupada, triste.  Por un momento me recordó a mi de niña cuando no quería volver a casa porque esperaba una reprimenda por algo mal hecho. Eso mismo es lo que decían sus palabras, pero mucho más sus ojos.

La abuela había ido, como cada tarde, a buscar a su nieto al colegio. Allí habían cogido el autobús para ir a casa. La mujer charlaba con el nieto y se preocupaba de que comiera la merienda. En esto llegó su parada. Ambos bajaron. Pero olvidaron la mochila en el interior del autobús. A los pocos metros la abuela decidió volver a la parada esperando que el mismo autobús con el mismo conductor pasase.

La preocupación salía por sus poros. “Se me ha olvidado” “Soy una vieja” “Y encima con los libros y la chaqueta” “Qué me dirá tu madre” “Qué me dirá”. Esas eran sus palabras y pensamientos.

Me vi en la situación. Llegas tarde trabajar y descubres que tu hijo ya no tiene mochila. ¿Enfado? Mucho más. Eso es lo que temía la abuela. La reacción de su hija.

Sin embargo esa mujer no merecía reproches. Todo lo contrario.

Esa mujer aparca su vida para entregarse a su hija y su nieto. Esa mujer hace posible que la vida de su hija sea mucho más tranquila. Esa mujer es la #conciliación para esa familia. Esa mujer, y otras muchas abuelas, merecen todo mi reconocimiento, respeto y amor. Ella y por supuesto mi madre. Gracias yaya.