Adiós verano, adiós

composición

Adiós. Adiós a no tener rutinas. A poder remolonear entre las sábanas un “ratito” más. A que te traigan el desayuno a la cama. A que Pandereta me despierte llenándome la cara de besos.

Adiós a las mañana de playa, piscina, campo y parque. A las tardes tomando el sol tumbada en cualquier parte mientras lees un libro. A las cenas callejeras sin importar la hora. A las terrazas, jardines y playas donde, aún de noche, te sirven un cóctel aderezado de brisa y de un cielo que te invita a no marcharte.

Adiós a las noches de tres en la cama sin importar las veces que te sobresalten las patadas de Pandereta. Adiós a despertar en mitad de la noche y disfrutar con su olor.

Todo esto (y mucho más) es lo que pierdo con la marcha de las vacaciones. En cambio, tengo que volver a recibir al maldito despertador. Tengo que acostumbrarme a dejar Pandereta dormida mientras me marcho de casa. A la oficina. A las historias que cada año se repiten, A la misma gente que no tienes ganas de ver. A correr todo el día. A malcomer en cualquier sitio. A mirar el reloj para acostarte a tiempo…

No sé que es lo que más me cuesta de la “vuelta a la normalidad”. Quizás no poder disfrutar de más tiempo con mi familia, quizás los fines de semana de guardia, quizás madrugar cada día… ¿Y a ti?