Años después llega el momento de la confesión. Hace un tiempo escribí a un post sobre, digamos Marta, una niña que ha sufrido acoso escolar y, cuya historia, hemos vivido de cerca en nuestra familia. Fue escribiendo su historia cuando por fin recordé, cuando me reconocí en ella.

Parece mentira como en ocasiones la mente aparta recuerdos ingratos. La historia de Marta fue lo que me hizo reconocer que yo también había sido una niña acosada. Ella me ha hecho recordar, su forma de actuar me hizo ver como el comportamiento de esta pequeña y el mío no fueron tan diferentes. Ya no vale de nada hurgar en la herida pero, todo esto, me hace estar hoy más alerta que nunca con mis hijos.

Todavía existía la EGB, estaba en octavo, el último curso. Siempre había tenido buena relación con mis compañeros de clase. Chicas y chicos jugamos juntos, nos reíamos, nos divertíamos, cosas de niños. Hasta que llego ella. Se llamaba Ana y no la podré olvidar nunca. Venía de otra ciudad, parecía mucho más madura que la mayoría de nosotros, el cambiar de forma habitual de residencia le daba un aire especial.

Como no podía ser de otro modo la acogimos con los brazos abiertos, como suelen hacer los niños. Ana era una líder. Y, aún no sé el motivo (si es que en estos casos hay motivo) utilizo sus dotes del peor modo posible. De un día para otro me encontré sin amigas. En este caso hablo en femenino porque fueron ellas las que me dieron la espalda.

acoso escolar

Nunca supe cuál fue el desencadenante, solo que estaba sola. Se reían, me insultaban, me empujaban por las escaleras. Día sí y día también recibía codazos y algún que otro golpe. Yo me defendía, carácter nunca me faltó, pero para lo que no estaba preparada era para el acoso psicológico al que me sometió una niña.

No solo recibía insultos en clase. Empecé a encontrar notas en los libros y la mochilas. Papelitos con insultos diciéndome que era fea, gorda, increpándome por llevar gafas, diciendo que nunca le gustaría  a nadie, que era basura que debería vivir en un vertedero. A las notas le siguieron las llamadas.

Llamaban a mi casa. Nunca les quise decir a mis padres quién era, aunque yo lo sabía muy bien. Si era un adulto quien cogía la llamada se callaban y colgaban. Pero si era yo quien la atendía aparecían los insultos, las risas, las cancioncilllas. En el momento intentaba aguantar el tipo para que nadie se diese cuenta. Pero llegaba el momento de irme a mi cuarto. Allí, sola, lloraba de miedo y de impotencia porque sabía que todas las que antes habían sido mis amigas estaban junto a ella riéndose. 

acoso escolar

La historia acabó sin culpables. En ese momento tenía una profesora, la mejor que he encontrado en mi vida. Solo ella sabía lo que me pasaba. Pero ni ella, alguien muy especial, supo ver el acoso escolar. Eran cosas de niños. El fin lo puso el curso. Ana volvió a mudarse de ciudad y yo fui al instituto empezar una nueva vida que, gracias al destino, no tuvo nada que ver con ese octavo maldito curso.

Aunque han pasado muchos años nunca se lo había contado a nadie. Ahora, al escribirlo, no puedo dejar de sentir dolor. Ya lo he contado. Yo sufrí acoso escolar. Espero poder olvidarlo para siempre. 

5 Comentarios

  1. Tener que sufrir y de forma callada es muy duro. Nunca acabaré de entender aquello de son “cosas de niños”. Aunque todavía hay muchos casos de acoso al menos, bajo mi punto de vista, poco a poco va cambiando. Yo lo veo en el cole de mis hijos, hace unos años pasaban del tema pero ahora me da la sensación de que los tutores están más atentos, hay mediación, charlas a los niños..Aunque por desgracia es algo muy difícil de erradicar. Es algo que yo también con mis hijos he estado muy pendiente porque nadie se merece sufrir como tu has sufrido.

  2. Un post duro, pero necesario, se necesita gritar, contar para erradicar esas situaciones para tener un mundo sin abusones, para que ningún niño tenga que padecer eso. Es muy importante que eduquemos en la fraternidad y el respeto. Gracias por tus palabras!

  3. Yo lo he contado varias veces ya, en el cole también lo pasé fatal. A ver, no en todos. He pasado por muchos coles porque mis padres se trasladaban continuamente y donde peor lo pasé fue en el úncio cole privado al que fui, donde había chicos que me escupian, me empujaban, me pegaban, y las chcas te miraban por encima del hombro.
    coño con los señoritos y señoritas…
    También te digo, me gusta ahora ver los fb de todos ellos y comprobar lo mal que les ha tratado la vejez jajaja.
    Bromas a parte, un miedo común es que se repita en nuestros hijos, yo en el cole no tengo problema porque en su clase son 5 niños, aqui no hay acoso, pero el día que le toque ir al instituto a la capital es otra historia y eso si me asusta.

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