La vidente… demasiado evidente

Aquí tenéis mi crítica “a ciegas” encargo de Madresfera. Vamos a ello:

Cuando recibí el libro y lo abrí me llevé una sorpresa: ¡otro sueco! Pues no, son dos. La historia de Lars Kepler, pseudónimo del matrimonio formado por Alexander Ahndoril y Alexandra Coelho Ahndoril, suena tanto a marketing como la presentación de La vidente o El hipnotista, sus dos primeras entregas de éxito. Parece que ambos quisieron permanecer en el anonimato hasta que la popularidad sacó a la luz la ‘escritura a dos’ de estos nórdicos, dignos sucesores de la novela negra sueca. Si te gusta Camila Lackberg, Stieg Larson, Henning Mankell…, incluso Jens Lapidus, lee La vidente.

Todos ellos son diferentes pero el aroma de sus novelas tiene la misma procedencia. Una sociedad que añora los tiempos del estado de bienestar y que, desde la crisis y remodelación -por no hablar de privatización y desmantelamiento- de los 90 vive un declive que causa estragos y denuncias entre líneas. Los problemas de la casa de acogida de La vidente entronca con los problemas de Lisbeth Salander de la trilogía Millenium de Stieg Larsson. La vida solitaria y fracasada del comisario Joona Linna es una melodía similar a la de Kurt Wallander, el policía más famoso de la novela sueca, hijo de la imaginación de Mankell. Los paisajes de La vidente y La princesa de hielo, de Lackberg, parecen la misma postal.

La vidente es una novela perfecta para el transporte público o para unas vacaciones. Se lee rápido; está estructurada en capítulos cortos, lo que te permite interrumpir la lectura sin perder el hilo cuando la tropa viene en pos de la merienda; la trama sigue un desarrollo lógico sin flashbacks complejos y tiene los giros esperados para mantener la tensión; los personajes son reconocibles y están bien perfilados… Una novela perfecta para pasar el rato. Y sin embargo, demasiado evidente. Carece de la finura de los casos, especialmente los primeros, de Wallander y no es tan trepidante como la trilogía Millenium.

La historia parte de un doble asesinato en un centro de acogida y de la búsqueda del asesino que, en un primer momento, parece apuntar a una de las chicas de la institución de acogida. A partir de ahí, el paisaje es una crónica de una sociedad gris, que admite sotto voce su deterioro, aunque su apariencia sigue siendo envidiable. Un registro común a buena parte de la novela negra escandinava, no solo sueca, pues en al misma línea circula el más audaz Jo Nesbo (Noruega) o el islandés Arnaldur Indridason.

Y os preguntaréis, y se titula La vidente por… Pues porque aparece una médium que ayuda a la policía de una manera indirecta y hasta aquí se puede leer. Desde luego que se entiende el éxito de este tipo de novelas con el sello de identidad nórdico, pero a quien le interese la novela negra que eche un ojo al mediterráneo. El italiano Andrea Camilleri, con su comisario Montalbano; el griego Petros Markaris, con el comisario Jaritos; o españoles como Toni Hill, González Ledesma o el último premio Planeta, Lorenzo Silva y su picoleto, el ya brigada Bevilacqua, ofrecen distintos y muy ricos registros. A mi parecer más frescos, más cercanos, igual de críticos y con un humor más fino, finísimo, en muchos casos, que sus colegas del norte.

Casi a modo de titular, que la vidente se lee bien y no es un mal libro, pero me resulta reconocible, un tanto previsible y frío y, en ocasiones, evidente.