Cuando la realidad es un tren que te arrolla

A cuántas madres has escuchado últimamente decir que el día no tiene las horas suficientes. Cuantas se lamentan de no llegar a todo. Se han convertido en frases habituales entre las madres, demasiado. Pero, ¿también lo son entre los padres? o para la mayoría de hombres el “no llegar” no es un problema fuera del ámbito laboral. Algunas nos hemos convertido en madres superadas.

madres superadas y arrolladas

A las madres nos arrolló un tren con qué pocas contábamos. La conciliación, la corresponsabilidad y un gen social de buena madre que parece que tenemos que lucir todas. Trabajo, fuera de casa, las tareas domésticas,  educación, cuidados de los pequeños y, en ocasiones también de nuestros mayores… Piiiiii…. ¡Zas! La realidad se estampa en tu cara y no sabes cómo afrontar todo.

No lo sabes cómo llegar a todos porque no naciste con el don de hacer magia, la posibilidad de desdoblarte y estar en dos sitios al tiempo. Nos mintieron cuando nos hicieron creer que las mujeres somos capaces de hacer varias cosas al mismo tiempo. Nos engañaron para que nuestra carga fuera aún mayor y no protestásemos. Somos madres superadas y engañadas. 

madres superadas sin descanso

Pero tienes (tenemos) que parar. Hay que dar un paso atrás, mirar el tiempo y la vida con calma. Acéptalo, no vas a llegar a todo y, aún menos, con ese grado de autoexigencia que te has impuesto.

  • Relájate. Sí, ya sé que es difícil. Yo me lo propongo cada día y no cumplo el reto dos de cada tres veces. Pero inténtalo. Poco a poco empezará a salir esa parte más calmada, más transigente contigo misma.
  • Respira e intenta ver que ya haces todo lo que puedes. Te entregas al cien por cien pero no eres WonderGirl y nunca debiste (debimos) pretender serlo.
  • Se flexible contigo misma. Date un respiro o sal a la ventana y grita. Luego reconoce que los superhéroes solo existen en los cómic. Tú solo eres una mujer, una madre.

Quizás nada de esto sirva para que dejemos de ser madres superadas por la realidad pero es bueno que empecemos a reconocerlo. Una sensación que aún nos puede más en verano, en los meses sin cole.