Pandereta es única. Y no lo digo como calificativo que ensalce sus cualidades como niña perfecta (que por su puesto lo es que para algo es hija mía), sino porque es la única hija que tenemos.

Eso en el día a día se puede notar más o menos pero cuando me toca finde de compartición familiar… su unicidad me mata. Yo, yo, yo… mío, mío, mío…  en mi casa no se oyen otras palabras. “Es que yo lo quiero” “Es mío y se gasta” “NO va a quedar nada para mi”…

En ese momento la castigaría a tener una horrible pasadilla en la que fuéramos una super familia numerosa (de esas de ocho hijos) en la que ella fuera la del medio. Ni de los mayores, que ya tuvieron su momento de gloria; ni la pequeña, para no tener que darle mimos incondicionales.

Esos morritos hacia fuera en mueca de estoy hasta el gorro y los brazos cruzados insinuando que no se va a bajar del burro me hacen que tenga que contar hasta cien, como poco. Y esa situación se produce cada 15 minutos, aproximadamente.

enfurruñada

Pues ya estáis en antecedentes. Este finde no me busquéis en las redes sociales. Tengo, desde el viernes, guardería en casa y ya estoy haciendo acopio de paciencia.

¿Alguna recomendación?

Si no tenéis consejos al menos poner una velita para que pase pronto.

11 Comentarios

  1. Jo, no sé que decirte, de momento con mis hijas no he llegado a la fase del mío, y casi que lo temo, porque yo era mucho del mío. (nacer la pequeña, tras muchos años de reinado de las mayores) Y consejos no tengo, así que yo soy de las que te pondrá la velita, pero seguro que sabes salir adelante 🙂 Y tal vez hablar e intentar razonar con Pandereta pueda ayudar algo.
    Besos

  2. Suerte y paciencia amiga!!
    Es complicado el tema de compartir, pero pienso que son épocas y auqnue parezca que tus lecciones caen en saco roto van dejando huella, te lo aseguro

  3. Mucha experiencia en familias numerosas no tengo, pues sólo tengo un descendiente, pero sé perfectamente de lo que hablas. A nosotros nos pasa eso cuando la legión de niños desembarca en nuestra casa, Cachorro protegen con su vida sus juguetes, pero cuando vamos a la casa de cualquier otro guerrillero pasa tres cuartos de lo mismo.
    Nosotros lo que intentamos hacer es ponerle sobre aviso antes de que lleguen las visitas, diciéndole que cuando lleguen fulanito y menganito tendrá que prestarles sus juguetes pero que aunque se los cojan y al no le guste mucho esté tranquilo porque no se los van a llevar a casa. Sopla, refunfuña y dice un vaaaaaleeee – que equivale a un no me gusta nada de lo que me estás contando- Y llegado el momento se le olvida todo jajajajajaja
    Así que te mando paciencia infinita y hoy mismo pongo un vela por ti 😉

    • Qué familiar me resulta eso. Yo también intenta aleccionar a Pandereta pero el resultado es que llegado el momento las buenas intenciones saltan por la ventana. Y con ellas mi paciencia.
      Bss

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