Al buen (y variado) arroz en Madrid

Uno de los platos que más me gusta es el arroz, bueno, en realidad, me gusta todo lo que esté bueno (e incluso algunas veces las hamburguesas de ciertas cadenas que mi memoria no quiere recordar). Vamos que soy una glotona.

Pues tras entonar este mea culpa vamos con la recomendación para comer/cenar hoy: Anayelda (http://aynaelda.com/). Un sitio muy recomendable para ir, grande, bien servido, y donde los niños no molestan porque está lleno de familias y grupos.  También, si os gusta más, disponen de terraza.

En la carta más de treinta arroces entre secos, melosos y caldosos combinados con todo aquellos que puedas imaginar (solo de pensarlo ya estoy comenzando a salivar…) Entre los secos me quedo sin palabras ante el de Hongos e Ibéricos, Matanza y Atún en Movimiento (a qué pica la curiosidad saber cómo se mueve); y en mi segundo apartado favorito, los melosos, el de Rabo de Vaca con pelas de Verduras y Foie y el de Corvina, Gambas y Alcachofas.

Además, si a alguien no le gusta el arroz (¿será posible?) también tienes la posibilidad de tomar carne y pescado bien tratado. En el apartado de entrantes no olvidéis probar su jamón, las croquetas (tamaño XXL) y las ensaladas. Y para cierre un poste de su carta con Coulant de Chocolate fundido, Bizcocho Jugoso con Manzana salteada al Romero o Frutos Rojos gratinados.

Ir con niños no tiene problema: baño amplio con cambiador, adaptadores para las sillas, menú infantil (aunque nunca me ha hecho falta), personal atento a los niños y bolsa de golosinas al terminar la comida. Y todo a un precio asequible. ¿Se puede pedir más?

Anayelda: Calle Yebenes, 38 Teléfono: 917 101 051

Truco para evitar el miedo infantil al médico

Hoy tengo que llevar al médico a La Hija. Ahora voy tranquila pero hace un par de meses era una de las tareas más estresantes a las que me enfrentaba.

Antes de llegar a la consulta ya comenzaban los llantos contenidos, pero era abrir la puerta y mejor que médico necesitábamos la ayuda de un exorcista.

Un día el periódico cambio mi vida y no por la caída de la bolsa o la maldita prima. No, había una iniciativa que consistía en llevar a los niños al medico con sus muñecos de peluche simulando una enfermedad para que el doctor les curase.


No llegué a tiempo de unirme al programa que realizan estudiantes de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid pero, en la siguiente cita, se me ocurrió hacerlo por mi cuenta con su medico. Llevamos a su rana cantarina porque había perdido la voz (al tiempo que las pilas). Una exploración al animalillo (muy seria con palito para la garganta y fonendo),  una receta con la recomendación de tomar una gota de jarabe dos veces al día y llevar  bufanda… y a los dos días nuevo (la rana y las pilas).

Mano de santo. Ahora me dice si vamos a ver a la médica buena o si esta de vacaciones. La doctora se convirtió en su heroína.

¿Algún otro truco para evitar las llantinas?

A la rica pasta. Restaurante Enma y Julia

Hoy os quiero hablar de un restaurante al que le tengo un cariño especial. Quizás lo tenía que haber recomendado un poco antes… coincidiendo con las Fiestas de la Paloma para dar de comer a los hambrientos que hayáis visitado esta castiza verbena. Pero, nunca es tarde si la comida es buena y Enma y Julia la aseguran.

Se trata de un local en la Cava Baja 19 donde todo está buenísimo. De verdad. Yo me he propuesto probar toda la carta (aún estoy en ello) y no hay nada que rechazaría de mi plato.

Restaurante Enma y Julia

 

Como entrantes os recomiendo (en temporada) las alcachofas a la romana, las flores de calabacín y las ensaladas… muy buenas todas. No olvidéis echar un ojo a los carpaccios porque además del tradicional de carne tienen de atún, pulpo, alcachofas (sí más es que me gustan mucho) y boletus, entre otros.

Restaurante Enma y Julia

Como plato fuerte qué preferís ¿pasta o pizza? La pizza es como a mi me gusta, con una fina masa bien rellena de todo lo que quieras. Su variedad ocupa una página completa de la carta y, sino te gustan sus combinaciones, siempre puedes personalizarla. La pasta… Umm. Fresca con salsa de albahaca, pesto, carbonara, los penne arrabiata (los favoritos de La Hija), con salmón… Mi recomendación personal es en época de conchas (a partir de septiembre) la pasta con frutos del mar, los Zía Vittoria y la magnífica lasaña con berenjena.  No olvidéis pedir los panecillos que ellos mismo hacen en el horno de piedra. Ah! Y tienen harina para celiacos.

Restaurante Enma y Julia

Sobre los postres nos puedo hacer comentarios… nunca me sobra un hueco.

Para los niños no hay trona pero sí adaptadores para las sillas. El único problema de ir con peques es que el baño que está en la planta inferior y no tiene cambiador para pequeños.

Recordad si pasáis por el centro no olvidéis visitar Enma y Julia y luego un paseíto por la Plaza Mayor o el Palacio Real para bajar la comilona.

Bon appétit!

Vacaciones: NO sin mi orinal

Hoy La Hijay yo hemos tenido una interesante conversación sobre las próximas vacaciones. Cómo ya queda muy poco le gusta hacer planes:

Mamá: Vamos a ir a la playa para jugar.
La Hija: Qué chulo. Puedo llevarme mi orinal.
M: No lo vas a necesitar ya eres mayor y son solo unos días.
LH: Es mi orinal. Lo quiero mucho
M: puedes llevarte unos muñecos…
LH: Vale. ¡Unos muñecos y el orinal!
M: Pero es que no dejan subir orinales al avión
LH: Voy a pensar, hummm… ¿Y si lo guardamos en una bolsa y no lo ven?
M: Seguro que lo ven
LH: Pues en la maleta
M: Pero las maletas pasan por unas máquinas donde se ve lo que hay dentro. Cuando vean el orinal se lo quedan.
LH: Me lo escondo debajo de la camiseta
M: Pero tú también tienes que pasar por una máquina.
LH: ¿Tumbada? ¿Cómo si nadara?
M: No, andando.
LH: Y si no llevo orinal, ¿cómo hago caca agustito?

Tras muchos tiras y aflojas descubrí que tiene salidas para todo.

¿Y cómo hago yo para deshacerme del dichoso orinal? Porque La Hija es de esas que está 20 minutos sentada mientras lee sus libros (de quién lo habrá aprendido…).

Como la lucha continúe  me veo disimulando el orinal en la mochila, entre las cosas de la playa como la  pala y el rastrillo.
¿Os parece un buen sustituto del cubito para hacer castillos de arena?

Salir con niños: ver el partido de España y casi morir en el intento

 

Ayer decidimos ver el partido fuera de casa, y con niños. ¡Nosotros pensábamos que era un buen plan! Hasta que lo pusimos en práctica.

Dos parejas, dos niños. Buena media. Dos adultos (o tal vez debería replantearme ese término para calificar a dos futboleros empedernidos que ven a la selección) por niño. En principio no debería haber ningún problema.

Una mesa reservada en un local con pantalla gigante, los niños perfectamente equipados con sus camisetas y pinturas de guerra… Y lo mayores dispuestos a mojar en cervecita un buen resultado deLa Roja.

Primer problema. El local no tiene trona para el pequeño. Los padres -muy previsores- llevan una “sillita portátil” que sí, que portátil es; pero también resulta imposible sujetarla a la mesa con esas abrazaderas que no dan para tableros de cierto grosor. La silla queda en posición “me he esnucao” con lo que no la podemos utilizar.

Ahora tenemos a dos enanos desplazándose por el banco que hace de asiento, resbalando y golpeándose la cabeza con el mármol de la mesa. Pero no es preocupante porque tampoco estarán mucho tiempo sentados.

La afición parece que decae entre bubuzelas, carracas y aplaudidores. ¡Qué mejor que un niño para arreglar esto! Les suben a la mesa y les piden que hagan monadas, con cánticos y bailes incluidos. Me dan ganas de pasar la gorra.

Lo peor viene cuando se llevan a los niños y comienzan a ir por los aires de mano en mano de aficionados futboleros. ¡Stop! Ya está bien. A los padres-hinchas les parece que los niños están metiendo en “ambiente”. Las madres abandonamos el local con los niños y nos resignamos a verlo en la calle con un calor que derrite las ideas.

Y lo que pensábamos que serían 90 minutos se convierte en partido con prórroga y penaltis… Resultado final (ya sabéis que España ganó, claro): niños agotados cogidos, brazos sudorosos de sostenerles, pelo pegado a consecuencia del vaporizador de agua (que no refresca solo fastidia), pies doloridos, fanáticos dando gritos, saltos y ¿cantando? y padres tomándose una cerveza. Para colmo nos despiden tirando una bomba de confeti en plena cara… porque a los niños les gustan los papeles de colorines.

Que ¿quedamos con niños para ver la final del domingo en algún bar?