Salir con niños: ver el partido de España y casi morir en el intento

 

Ayer decidimos ver el partido fuera de casa, y con niños. ¡Nosotros pensábamos que era un buen plan! Hasta que lo pusimos en práctica.

Dos parejas, dos niños. Buena media. Dos adultos (o tal vez debería replantearme ese término para calificar a dos futboleros empedernidos que ven a la selección) por niño. En principio no debería haber ningún problema.

Una mesa reservada en un local con pantalla gigante, los niños perfectamente equipados con sus camisetas y pinturas de guerra… Y lo mayores dispuestos a mojar en cervecita un buen resultado deLa Roja.

Primer problema. El local no tiene trona para el pequeño. Los padres -muy previsores- llevan una “sillita portátil” que sí, que portátil es; pero también resulta imposible sujetarla a la mesa con esas abrazaderas que no dan para tableros de cierto grosor. La silla queda en posición “me he esnucao” con lo que no la podemos utilizar.

Ahora tenemos a dos enanos desplazándose por el banco que hace de asiento, resbalando y golpeándose la cabeza con el mármol de la mesa. Pero no es preocupante porque tampoco estarán mucho tiempo sentados.

La afición parece que decae entre bubuzelas, carracas y aplaudidores. ¡Qué mejor que un niño para arreglar esto! Les suben a la mesa y les piden que hagan monadas, con cánticos y bailes incluidos. Me dan ganas de pasar la gorra.

Lo peor viene cuando se llevan a los niños y comienzan a ir por los aires de mano en mano de aficionados futboleros. ¡Stop! Ya está bien. A los padres-hinchas les parece que los niños están metiendo en “ambiente”. Las madres abandonamos el local con los niños y nos resignamos a verlo en la calle con un calor que derrite las ideas.

Y lo que pensábamos que serían 90 minutos se convierte en partido con prórroga y penaltis… Resultado final (ya sabéis que España ganó, claro): niños agotados cogidos, brazos sudorosos de sostenerles, pelo pegado a consecuencia del vaporizador de agua (que no refresca solo fastidia), pies doloridos, fanáticos dando gritos, saltos y ¿cantando? y padres tomándose una cerveza. Para colmo nos despiden tirando una bomba de confeti en plena cara… porque a los niños les gustan los papeles de colorines.

Que ¿quedamos con niños para ver la final del domingo en algún bar?

El efecto 15J

Esta semana he tenido dos citas. Las dos con gente conocida a través de las redes y el intercambio de correos. Una profesional, otra personal. Con una me sentí encorsetada, sin saber que pintaba realmente allí.

La otra fue el viernes. Dejé a Moquete con Papá y entre brochazo y brochazo de colorete aparqué mis inseguridades. En el ascensor conseguí deshacerme de las dudas sobre que demonios pintaba en otra quedada en la que no conocía a nadie. Y mientras iba llegando al centro me iba auto convenciendo para tirar a una alcantarilla mi timidez.

No tuve tiempo porque una niñasinnombre me la arrancó según llegue tras plantarme un par de besos:
– No conozco a nadie.
– Chicas, habrán paso que ha llegado Urban (como si fuera alguien y tuvieran que conocerme)

Las chicas fueron geniales. Todas. Y los chicos, que no quiero pasarlos por alto, que al final fueron dos más de nosotras.

Algunas de las alocadas bloggeras de la noche

Yo no voy a mencionar a nadie. No quiero dejar ningún nombre en el tintero. Pero el calor, el afecto, las risas y las experiencias vividas fueron inmejorables. ¡Que diferencia con mi primera experiencia de quedada tuitera!

Y es que se nota cuando la gente es de verdad, cuando no se imposta una sonrisa, ni alguna lagrimilla -que también vi caer con el monologo de Vanina-. Esto es lo que pasa con gente con corazón, uno tan grande que en el tienen cabida 53 nuevas amigas encontradas una noche en una terraza de Madrid.

¿Sabéis lo que os digo? ‘Viva el efecto 15J!

15J ¡A por la desvirtualización!

Sí. Confieso. He pecado. Tengo un blog sobre cómo superar la experiencia de tener un hijo sin perder la dignidad; aunque la haya perdido.

Como la vergüenza de escribir mis intimidades superaba cualquier atisbo de ego que pueda proporcionar un blog -si es que los blogs engordan algo- creé un seudónimo. Lo que no podía suponer es que en un ataque de locura transitoria (espero que sea transitoria) decidiera tirar la careta y mandarla a hacer puñetas. Puñetas a la plaza de Jacinto Benavente.

Pues sí. Cambio la careta por un vestidito escotado (prefiero que miren el canalillo que las cartucheras), zapatos de tacón si los aguanto, y mi mejor sonrisa para darme a conocer al mundo. Bueno… no a todo el mundo, solo al mundo faunístico compuesto por 50 mamás blogueras. Para el resto seguiré siendo un nombre sin rostro. ¿A qué suena bien?

Por un día dejamos nuestros ordenadores, las gafas sobre la punta de la nariz, los baberos y Apirétales varios para salir a una ¡¡¡FIESTA DESVIRTULIZADORA DE BLOGUERAS!!!

Nos vamos a poner cara, a contar de propia voz todo lo que nos decimos a través del pajarito parlante. A explicar qué técnicas hemos empleado para mantener a los hijos a raya, la casa en orden, el trabajo en su sitio y la pareja; qué no es poco.

Estoy deseando que llegue mañana para poder gritar: ¡¡¡Y LAS BLOGUERAS SE HICIERON CARNE!!! (Aunque en mi caso ya podía haberse repartido, la carne digo, un poquito mejor).

VIVA EL 15J. Y gracias a las organizadoras.

#15J Cita a ciegas… de madres tuiteras

Ayer las madres se reunían a la puerta de la casa o del colegio para charlar e intercambiar opiniones e ideas sobre la familia, los hijos… Hablar con alguien con tus mismos problemas suponía una aliviadora fuente de desahogo.

Ahora, seguimos hablando. Pero a en 140 caracteres en Tuiter o unas pocas líneas más a través de Facebook.  Ya no hablamos con las vecinas de portal sino con madres de todo el globo. Antes las conocías por su nombre, el de sus hijos, su aspecto y su lugar de residencia. Ahora por su nick y lo que publican en su TL y sus blog.

Podríamos cruzarnos por la calle y no reconocernos. No sabemos el nombre real de las otras y tampoco preguntamos. Lo importante es compartir: experiencias, ideas, sufrimientos y alegrías de nuestros día a día como madres (padres hay menos, a ver si se animan).

Pero ¡el anonimato va a acabar! Unas 30 de nosotras estamos dispuestas a quitarnos la careta para tomarnos juntas unos GT´s, reírnos, hablar y seguir riéndonos. Una noche de cita a ciegas entre madres tuiteras y bloggeras.  ¿Te la vas a perder?

El Molar, una librería distinta en el Rastro de Madrid

Se acerca el fin de semana. Estás en Madrid y no sabes que hacer. Hay la temperatura idea para dar un paseo por las calles del centro y, porque no, volver al Rastro que hace tiempo que no visitas. Sin duda es un espacio ideal para hacerte con alguna camiseta o vestido de cara al verano y encontrar alguna curiosidad que llevarte a casa.

Seguro de después de un rato de deambular entre puestos, antigüedades, libros y abalorios y siempre pendiente de que los pequeños no huyan corriendo ni te suelten la mano, agradeces un sitio calmado, un remanso de paz dentro del bullicio del Rastro.

Lo he encontrado. Y además es un sitio muy mamaproof. Se trata de un pequeño café-librería, el Molar, que hay ubicado a medio camino entre la populosa plaza de Cascorro y  La Latina.Cuandoentras el ruido de las calles adyacentes se calma. Hay un ambiente de tranquilidad, la que emanan sus paredes llenas de libros y una charla calma.

Molar

El espacio está dividido en dos ambientes. La zona que encuentras nada más entrar está compuesta por la librería (que no biblioteca) y las mesas donde tomarte desde un té o café con unos deliciosos bizcochos y la magistral tarta de zanahoria (no olvidéis pedirla), a una cervecita. Si queréis algo para los niños que nunca falla o si preferís volver a vuestra infancia de un bocado, os recomiendo el bocatín de nocilla.

Mientras descansas de la agotadora jornada de paseo y compras y degustas tu consumición; los niños encuentran un rincón donde la caja de sorpresas del Molar les ofrece juguetes con los que entretener la pausa. Lápices de colores, láminas, puzzles, coches, piezas ensartables… Un poco de todo en un cajón desastre al que todos los peques tienen acceso.

Molar

Un poco más arriba un espacio especial destinado a la barra y a la música en formato vinilo. ¿Por qué? Simplemente porque el sonido es diferente, evocador.

También os invito a visitar la planta baja con sala de exposiciones, espacios donde hace las presentaciones de novedades de pequeñas editoriales, conciertos y en el que los sábados sobre las 11.30 los más pequeños de la casa disfrutan con los cuentos de Celia.

Un lugar que tiene todo para pasar un rato con los niños en una zona que presenta no muchas alternativas para ellos.

Molar