Conciliación, conciliación, conciliación… Ummmm, Ummmm.

Conciliaciónnnnnnn. Repítelo dejando resonar las letras en tu interior. Concéntrate. Ummmmm.Muy bien.

Este ha sido mi mantra estas últimas semanas.

 

Lo repito al despertar y recordar que tengo que dejar a la peque antes en el cole porque su padre está de viaje y yo no puedo llegar tarde.

Conciliaciónnnn. Repito cuando me llaman a última hora y tengo que prolongar un rato más mi jornada lo que equivale a tirar de listado telefónico y rogar que alguien pueda ir a recoger a mi hija.

Y vuelvo a recordarlo cuando tengo que dejarla en plena tarde-noche porque tengo que volver con mi obligaciones laborales.

¿Qué haría yo sin los abuelos, sin amigos y familia de los que tirar a última hora, sin esas otras madres del cole que te cubren un hueco mientras corres por los pasillos del Metro para llegar a tiempo a la salida de clase?

Y en este ambiente de desesperación (y solo es la primera semana de cole) escucho a mi Presidenta, Esperanza Aguirre, decir que va a fomentar el turno continuo en las escuelas. Ahhhhhhhhh!

¿No habrá oído hablar esta mujer de lo que significa  la palabra conciliación?

Olvidaba que mi Presidenta no tuvo problemas para conciliar. Ella pidió excedencia en su trabajo para cuidar a sus hijos.  Claro, que ella es noble, tiene propiedades, tierras y vive en un palacete; aunque ya sabemos que estás construcciones gasta un güevo de luz.

Ella no tuvo que conciliar. Pudo elegir. Pero yo no tengo esa opción  porque sin mi sueldo no llego a fin de mes.

Así que conciliación, conciliación, conciliaciónnnnn.

PD: Gracias a todos los que lucháis porque las madres podamos serlo un poco más y gracias a todos los que me ayudan en la carrera de la vida diaria.

Plan de chicas: Nuestra primera visita al cine

Para compensar el inicio del curso y que desde el primer día La Hija, además, ha tenido que quedarse en la ludoteca (horario completo de 9 a 17 h); he llevado a la peque al cine. Para mí también ha sido un hito.

Dos años sin pisar un cine. Añoraba la sala, el sonido envolvente, el aire acondicionado que te deja pajarito, el masticar del vecino devorando palomitas… Ains, que morriña. Por eso me he llevado a La Hija a ver Brave en un auténtico plan de chicas.

La experiencia ha estado genial. Sinceramente tenía mis dudas sobre si podríamos aguantar hasta el final de la peli. Pero hemos superado la prueba. Lo mejor ha sido ver su cara alucinada cuando han apagado las luces y ha visto esa impresionante tele. La palabra es éxtasis.

Además ha seguido bastante bien la historia a pesar de que no es una peli para los más pequeños. Y yo he podido lloriquear feliz con la historia madre-hija, pelea y reconciliación.

¿Qué más se puede pedir? Sí, un helado maxi de chocolate al salir de la sala.

Por cierto, la próxima vez ahorraré para ir. ¡Vaya precios que se gastan los cines!

Y vosotras. ¿Os habéis animado a ir ya al cine con los peques?

La realidad de la infancia en las inundaciones de Filipinas

Por Gonzalo Atxaerandio, Responsable de la respuesta de emergencia en Asia de Save the Children.

1.800.000 niños afectados por las recientes inundaciones en Filipinas. Save the Children alerta de que los niños y niñas afectados por las inundaciones necesitan acceso urgente a los servicios sanitarios.  Porque la infancia siempre es el punto débil.

Y para que conozcamos la realidad que viven una niña cuenta su experiencia:

“Rosalie me contaba que era muy difícil dormir así, que pasaba mucho calor por el día y mucho frío por la noche. Los niños muestran a veces una capacidad de superación y resistencia admirable ante este tipo de desastres, pero sabemos que detrás de esas sonrisas están quienes se llevan la peor parte. Los niños y niñas siempre son los más vulnerables ante cualquier tipo de catástrofe”.

La realidad de la infancia en las inundaciones de Filipinas

Cómo superar que tu propia hija te deje plantada

Ayer volvía La Hija de sus vacaciones con los Abus. ¡Genial! Hacía días que la echaba en falta. Vamos que la Urbanmon estaba ñoña. Ella también me decía que quería volver a Madrid (Ains, ha salido tan de ciudad como su madre).

Y llega el momento del reencuentro. La mamá se va a la estación del AVE a recogerla, con un fantástico conejito de peluche recién comprado al que le añadí, a modo de pajarita, un enorme lazo. Mi DIY solo llega a eso.

Ahí me veis a mí. En la estación, conejo en mano. Sr. Padre también llegaba de viaje a la misma hora y al mismo lugar. Ya solo faltaba La Hija.

¿ Y si la próxima vez me visto yo de conejito?
Igual llamo su atención.
O me quedo con esta cara.

Y salen por el corredor. Una sonrisa ilumina su carita y echa a correr. Viene hacia mí… y coge el conejo y se lanza de un salto a los brazo de Sr. Padre.

¡Vamos! Ni un triste “hola mamá”, ni un beso, ni ná.

Y ya no le dejó ni a sol y sombra. Junto se subieron al taxi, juntos a casa, juntos al baño, juntos cenaron y juntos a dormir. Y todo lleno de mimos, babas y carantoñas del tipo “como te quiero papito mio”.

Y yo ¿por qué la echaba tanto de menos?

No lo entiendo.

Mis pequeños placeres

Ahora que llevo unos días sin La Hija descubro cuanto echo en falta algunos pequeños placeres.

Y es que, cuando eres madre descubres inesperadas fuentes de satisfacción en cosas pequeñas y cotidianas que antes se diluían en tu día a día.  Aquí empiezo con una serie de ellos con los que seguro os identificáis más de una/o.

EL PODER DEL ABRAZO

Nunca nadie me había abrazado como lo hace La Hija. Algo que nunca olvidaré fue su primer abrazo, mucho antes de que llegase el beso, cuando era una bebé. Fue tan intenso que sentí dolor de corazón. Sí, dolor físico.

Es difícil explicarlo con palabras pero la sensación fue que durante el abrazo el corazón se me contraía para al final expandirse hasta casi explotar, como si fuera un fuego artificial. Alguna otra vez he podido sentir esa intensidad y siempre con su cercanía. Desde ese primer abrazo me he hecho dependiente de ellos. Me he convertido en una abrazoadicta y sufro mono cuando la gente no me mece entre sus brazos.

Eso es muy extraño en alguien como yo que tienen como punto principal de la convivencia el escrupuloso respeto al espacio personal. Vamos que no soy de achuchones ni besuqueos… O al menos, no lo era.

Sin duda es maravilloso lo que se puede hacer solo con contacto físico y amor.