A la rica pasta. Restaurante Enma y Julia

Hoy os quiero hablar de un restaurante al que le tengo un cariño especial. Quizás lo tenía que haber recomendado un poco antes… coincidiendo con las Fiestas de la Paloma para dar de comer a los hambrientos que hayáis visitado esta castiza verbena. Pero, nunca es tarde si la comida es buena y Enma y Julia la aseguran.

Se trata de un local en la Cava Baja 19 donde todo está buenísimo. De verdad. Yo me he propuesto probar toda la carta (aún estoy en ello) y no hay nada que rechazaría de mi plato.

Restaurante Enma y Julia

 

Como entrantes os recomiendo (en temporada) las alcachofas a la romana, las flores de calabacín y las ensaladas… muy buenas todas. No olvidéis echar un ojo a los carpaccios porque además del tradicional de carne tienen de atún, pulpo, alcachofas (sí más es que me gustan mucho) y boletus, entre otros.

Restaurante Enma y Julia

Como plato fuerte qué preferís ¿pasta o pizza? La pizza es como a mi me gusta, con una fina masa bien rellena de todo lo que quieras. Su variedad ocupa una página completa de la carta y, sino te gustan sus combinaciones, siempre puedes personalizarla. La pasta… Umm. Fresca con salsa de albahaca, pesto, carbonara, los penne arrabiata (los favoritos de La Hija), con salmón… Mi recomendación personal es en época de conchas (a partir de septiembre) la pasta con frutos del mar, los Zía Vittoria y la magnífica lasaña con berenjena.  No olvidéis pedir los panecillos que ellos mismo hacen en el horno de piedra. Ah! Y tienen harina para celiacos.

Restaurante Enma y Julia

Sobre los postres nos puedo hacer comentarios… nunca me sobra un hueco.

Para los niños no hay trona pero sí adaptadores para las sillas. El único problema de ir con peques es que el baño que está en la planta inferior y no tiene cambiador para pequeños.

Recordad si pasáis por el centro no olvidéis visitar Enma y Julia y luego un paseíto por la Plaza Mayor o el Palacio Real para bajar la comilona.

Bon appétit!

Vacaciones: NO sin mi orinal

Hoy La Hijay yo hemos tenido una interesante conversación sobre las próximas vacaciones. Cómo ya queda muy poco le gusta hacer planes:

Mamá: Vamos a ir a la playa para jugar.
La Hija: Qué chulo. Puedo llevarme mi orinal.
M: No lo vas a necesitar ya eres mayor y son solo unos días.
LH: Es mi orinal. Lo quiero mucho
M: puedes llevarte unos muñecos…
LH: Vale. ¡Unos muñecos y el orinal!
M: Pero es que no dejan subir orinales al avión
LH: Voy a pensar, hummm… ¿Y si lo guardamos en una bolsa y no lo ven?
M: Seguro que lo ven
LH: Pues en la maleta
M: Pero las maletas pasan por unas máquinas donde se ve lo que hay dentro. Cuando vean el orinal se lo quedan.
LH: Me lo escondo debajo de la camiseta
M: Pero tú también tienes que pasar por una máquina.
LH: ¿Tumbada? ¿Cómo si nadara?
M: No, andando.
LH: Y si no llevo orinal, ¿cómo hago caca agustito?

Tras muchos tiras y aflojas descubrí que tiene salidas para todo.

¿Y cómo hago yo para deshacerme del dichoso orinal? Porque La Hija es de esas que está 20 minutos sentada mientras lee sus libros (de quién lo habrá aprendido…).

Como la lucha continúe  me veo disimulando el orinal en la mochila, entre las cosas de la playa como la  pala y el rastrillo.
¿Os parece un buen sustituto del cubito para hacer castillos de arena?

Salir con niños: ver el partido de España y casi morir en el intento

 

Ayer decidimos ver el partido fuera de casa, y con niños. ¡Nosotros pensábamos que era un buen plan! Hasta que lo pusimos en práctica.

Dos parejas, dos niños. Buena media. Dos adultos (o tal vez debería replantearme ese término para calificar a dos futboleros empedernidos que ven a la selección) por niño. En principio no debería haber ningún problema.

Una mesa reservada en un local con pantalla gigante, los niños perfectamente equipados con sus camisetas y pinturas de guerra… Y lo mayores dispuestos a mojar en cervecita un buen resultado deLa Roja.

Primer problema. El local no tiene trona para el pequeño. Los padres -muy previsores- llevan una “sillita portátil” que sí, que portátil es; pero también resulta imposible sujetarla a la mesa con esas abrazaderas que no dan para tableros de cierto grosor. La silla queda en posición “me he esnucao” con lo que no la podemos utilizar.

Ahora tenemos a dos enanos desplazándose por el banco que hace de asiento, resbalando y golpeándose la cabeza con el mármol de la mesa. Pero no es preocupante porque tampoco estarán mucho tiempo sentados.

La afición parece que decae entre bubuzelas, carracas y aplaudidores. ¡Qué mejor que un niño para arreglar esto! Les suben a la mesa y les piden que hagan monadas, con cánticos y bailes incluidos. Me dan ganas de pasar la gorra.

Lo peor viene cuando se llevan a los niños y comienzan a ir por los aires de mano en mano de aficionados futboleros. ¡Stop! Ya está bien. A los padres-hinchas les parece que los niños están metiendo en “ambiente”. Las madres abandonamos el local con los niños y nos resignamos a verlo en la calle con un calor que derrite las ideas.

Y lo que pensábamos que serían 90 minutos se convierte en partido con prórroga y penaltis… Resultado final (ya sabéis que España ganó, claro): niños agotados cogidos, brazos sudorosos de sostenerles, pelo pegado a consecuencia del vaporizador de agua (que no refresca solo fastidia), pies doloridos, fanáticos dando gritos, saltos y ¿cantando? y padres tomándose una cerveza. Para colmo nos despiden tirando una bomba de confeti en plena cara… porque a los niños les gustan los papeles de colorines.

Que ¿quedamos con niños para ver la final del domingo en algún bar?

El efecto 15J

Esta semana he tenido dos citas. Las dos con gente conocida a través de las redes y el intercambio de correos. Una profesional, otra personal. Con una me sentí encorsetada, sin saber que pintaba realmente allí.

La otra fue el viernes. Dejé a Moquete con Papá y entre brochazo y brochazo de colorete aparqué mis inseguridades. En el ascensor conseguí deshacerme de las dudas sobre que demonios pintaba en otra quedada en la que no conocía a nadie. Y mientras iba llegando al centro me iba auto convenciendo para tirar a una alcantarilla mi timidez.

No tuve tiempo porque una niñasinnombre me la arrancó según llegue tras plantarme un par de besos:
– No conozco a nadie.
– Chicas, habrán paso que ha llegado Urban (como si fuera alguien y tuvieran que conocerme)

Las chicas fueron geniales. Todas. Y los chicos, que no quiero pasarlos por alto, que al final fueron dos más de nosotras.

Algunas de las alocadas bloggeras de la noche

Yo no voy a mencionar a nadie. No quiero dejar ningún nombre en el tintero. Pero el calor, el afecto, las risas y las experiencias vividas fueron inmejorables. ¡Que diferencia con mi primera experiencia de quedada tuitera!

Y es que se nota cuando la gente es de verdad, cuando no se imposta una sonrisa, ni alguna lagrimilla -que también vi caer con el monologo de Vanina-. Esto es lo que pasa con gente con corazón, uno tan grande que en el tienen cabida 53 nuevas amigas encontradas una noche en una terraza de Madrid.

¿Sabéis lo que os digo? ‘Viva el efecto 15J!

15J ¡A por la desvirtualización!

Sí. Confieso. He pecado. Tengo un blog sobre cómo superar la experiencia de tener un hijo sin perder la dignidad; aunque la haya perdido.

Como la vergüenza de escribir mis intimidades superaba cualquier atisbo de ego que pueda proporcionar un blog -si es que los blogs engordan algo- creé un seudónimo. Lo que no podía suponer es que en un ataque de locura transitoria (espero que sea transitoria) decidiera tirar la careta y mandarla a hacer puñetas. Puñetas a la plaza de Jacinto Benavente.

Pues sí. Cambio la careta por un vestidito escotado (prefiero que miren el canalillo que las cartucheras), zapatos de tacón si los aguanto, y mi mejor sonrisa para darme a conocer al mundo. Bueno… no a todo el mundo, solo al mundo faunístico compuesto por 50 mamás blogueras. Para el resto seguiré siendo un nombre sin rostro. ¿A qué suena bien?

Por un día dejamos nuestros ordenadores, las gafas sobre la punta de la nariz, los baberos y Apirétales varios para salir a una ¡¡¡FIESTA DESVIRTULIZADORA DE BLOGUERAS!!!

Nos vamos a poner cara, a contar de propia voz todo lo que nos decimos a través del pajarito parlante. A explicar qué técnicas hemos empleado para mantener a los hijos a raya, la casa en orden, el trabajo en su sitio y la pareja; qué no es poco.

Estoy deseando que llegue mañana para poder gritar: ¡¡¡Y LAS BLOGUERAS SE HICIERON CARNE!!! (Aunque en mi caso ya podía haberse repartido, la carne digo, un poquito mejor).

VIVA EL 15J. Y gracias a las organizadoras.