Lo reconozco: yo también soy una mala madre

Ayer tuve pensamientos de malamadre. Si porque a pesar de la perfección innata a nuestra condición de progenitoras también hay momentos que sucumbimos a los malos pensamientos.

Fue uno de esos días. Llegas agobiada porque el trabajo no remonta ni aunque Dios se persone y multiplique los panes y los peces. No tienes nada que llevarte a la boca en el frigorífico y al final engulles unos cruasanes de chocolate acompañados por unas patatas fritas de vaya a saber usted cuando. Y con un terrible cargo de conciencia por delante y el estomago dándote vueltas te vas al cole y recoges a La Hija que tiene un mal día y no hace mas que quejarse por todo y te vuelves a casa.

Quiero tirarme en el sofá y que me dejen en paz!

Quiero tirarme en el sofá y
que me dejen en paz!

Llegas a casa y te dice que a jugar a los médicos. Pues no va a ser. Enchufo la tele y dejo que se aliene con los dibujos mientras yo me como unas magdalenas que he comprado en la panadería porque las que yo intenté hacer han quedado como una piedra.

Esto es educar? No, lo reconozco. Soy una malamadre. Ayer al menos.