Lecciones de vida que te dan los hijos

Hace unos días fuimos de compras. Tranquilos, solo es para ubicar el contexto, nada tiene que ver con una tarde de tiendas. Lo importante no es lo que compramos, sino la bolsa en la que nos lo pusieron. Se trataba de una bolsa de papel con un dibujo de banderas y un largo texto. Nos llamó la atención y, cuando llegamos a casa, lo leímos.

refugiados

Se hablaba de los refugiados, de sus situación, de como miles de niños han tenido que abandonar sus países… Y, sobre refugiados, empezamos a hablar con la peque.

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Queríamos asegurarnos que sabía lo que tenía leído, que conocía el problema de los refugiados y cómo abordaba ella esté problema. En el cole han dedicado una semana a hablar de como los refugiados se han visto obligadas a dejar su país, han visto noticias (adaptadas a su edad), han hablado con voluntarios de Cruz Roja, familias refugiadas… Una tarea que solo puedo aplaudir porque no todo es saber el leer o aprender matemáticas. Los niños deben conocer qué pasa a su alrededor y aprender a tener conciencia y conocimiento crítico.

Pero lo que más nos sorprendió fue su pensamiento. “Es horrible que Macedonia no deje pasar a los refugiados. Por qué no ayuda a la gente que tiene problemas, ¿no tienen corazón?”. La verdad, no supimos reaccionar. ¿Qué le cuentas? ¿Qué los intereses políticos, económicos, egoístas; no permiten que se ayude a la gente que lo necesita?

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Hablamos del largo camino que tiene que hacer. Que si un día fuéramos nosotros los que tuviéramos que huir habría que dejar todo en casa y salir con poco equipaje. Y caminar, hasta que no pudiéramos más, y que le dolerían mucho los pies y, posiblemente, nos quedamos sin agua y comida. Pero habría que seguir andando. E igual nadie nos ayudaba, ni nos dejaba dormir en su casa.

Entonces, la peque, pensó que -ya que una de las cosas que más querría es tener una hermana- podríamos colaborar acogiendo en casa a un niño refugiado. “Yo le voy a querer como a mi hermano/a y el niño ya tendría una casa y una familia”.

Qué el corazón de los peques no cambie nunca. Qué sigan dándonos lecciones que nunca deberíamos olvidar.