El efecto 15J

Esta semana he tenido dos citas. Las dos con gente conocida a través de las redes y el intercambio de correos. Una profesional, otra personal. Con una me sentí encorsetada, sin saber que pintaba realmente allí.

La otra fue el viernes. Dejé a Moquete con Papá y entre brochazo y brochazo de colorete aparqué mis inseguridades. En el ascensor conseguí deshacerme de las dudas sobre que demonios pintaba en otra quedada en la que no conocía a nadie. Y mientras iba llegando al centro me iba auto convenciendo para tirar a una alcantarilla mi timidez.

No tuve tiempo porque una niñasinnombre me la arrancó según llegue tras plantarme un par de besos:
– No conozco a nadie.
– Chicas, habrán paso que ha llegado Urban (como si fuera alguien y tuvieran que conocerme)

Las chicas fueron geniales. Todas. Y los chicos, que no quiero pasarlos por alto, que al final fueron dos más de nosotras.

Algunas de las alocadas bloggeras de la noche

Yo no voy a mencionar a nadie. No quiero dejar ningún nombre en el tintero. Pero el calor, el afecto, las risas y las experiencias vividas fueron inmejorables. ¡Que diferencia con mi primera experiencia de quedada tuitera!

Y es que se nota cuando la gente es de verdad, cuando no se imposta una sonrisa, ni alguna lagrimilla -que también vi caer con el monologo de Vanina-. Esto es lo que pasa con gente con corazón, uno tan grande que en el tienen cabida 53 nuevas amigas encontradas una noche en una terraza de Madrid.

¿Sabéis lo que os digo? ‘Viva el efecto 15J!