Un restaurante imprescindible en Madrid: Viridiana

Entre los privilegios de vivir en una gran ciudad está la variedad de opciones gastronómicas que ofrece. Madrid alberga en sus calles 19 estrellas de la más reputada guía gastronómica, la Michelín. Pero si de mi opinión dependiera la capital llegaría a la veintena con un clásico de la gastronomía fusión: Viridiana.

El local ubicado junto al Retiro, es un templo del buen comer. Productos de la mejor  calidad pasados por el tamiz de su creador, Abraham García, que une las recetas de aquí con toques de otras muchas partes del mundo (México, Marrakech, Vietnam, Japón…) porque él es un viajero incansable.

Si tuviera que optar por un momento del año para visitar Viridiana en el almuerzo lo haría, sin duda, en invierno con la degustación de sus contundentes guisos de cuchara. En este caso abstenerse estómagos delicados.  Para las cenas la época de los túnidos.

 

Planta principal de Viridiana

Nuestra última visita ha coincidido con este periodo. En una pequeña mesa cercana a la cocina, Abraham canta la carta incluyendo las sugerencias (entre las que nunca faltan un par de ensaladas de hojas tiernas) de las que él mismo explica cada detalle.

El placer de comer en Viridiana se experimenta desde los aperitivos. En esta ocasión a un gazpacho de fresas –de esas que aún conservan el sabor y aroma- con un estupendo arenque, se  unieron unos canapés de queso, tipo mozzarella, ahumado con verduras.

 

Gazpacho de fresas con arenque

A continuación su clásico arroz cremoso con costillas de jabalí, un plato contundente más recomendable a medio día que por la noche, pero del igual forma apetecible.

Como principal,  pescado.  De un lado un atún marcado a la plancha  acompañado por tumbet y de otro un pez mantequilla, también a la plancha, con una increíble “súper yema” de espárrago blanco y témpura de verduras.

Los postres en Viridiana son pecado, aunque en esta ocasión nos decantamos por el sabor de un plato de quesos artesanos  acompañados de pan de centeno. Y para terminar el estupendo te moro que ofrece con dátiles envueltos en chocolate. Un verdadero placer.