Tiempo, quiero tiempo

Tal vez es la edad. Quizás entra dentro del proceso al que llaman madurar.

O es posible que todo haya llegado con la maternidad. Según te cortan el cordón que te une con el bebé, no solo te separan de él o ella, sino también de tu pasado. De lo que fuiste, de lo que nunca volverás a ser; al menos no de igual modo.

Antes las prioridades eran crecer profesionalmente, ganar más, estar mejor considerada. Ahora mi prioridad es el tiempo, tener tiempo. No quiero un trabajo en el que gane más, quiero un trabajo en el que pueda disfrutar de tiempo libre. Tiempo para dedicarlo a lo que quiera, tiempo para hacer o, simplemente, tiempo que dejar pasar.

Tiempo…

Tiempo para levantarte por la mañana, llevar a tus hijos al colegio andando y darles con un beso sin prisa.

Tiempo para trabajar sin sentirte como una locomotora de vapor.

Tiempo para jugar a las casitas, las princesas o saltar en los charcos del parque.

Tiempo para hacer juntos las tareas, unas galletas, para tumbarnos en el sofá.

Tiempo para bañar a tus hijos y darte tú un baño de espuma.

Tiempo para leer.

Tiempo para cantar.

Tiempo para vivir.

Tiempo…

Porque al final nada se puede hacer si no tenemos tiempo.