No pongas límites a su creatividad

Las limitaciones nos las ponemos nosotros mismos. Unos límites que no solo afectan a nuestra vida como adultos, sino también a nuestro papel como padres y, por tanto, a nuestros hijos.

Muchas veces nuestro pensamiento ordenado y sistematizado de adultos pone barreras al desarrollo de los niños. Lo hacemos sin querer, sin darnos cuenta de que estamos condicionando su evolución, su creatividad, su forma de afrontar que todo es posible si se lo proponen.

Esta lección me la regaló un dibujante en una clase.  Era una clase para acercar a los niños los cómic: cómo se hacen, qué pasos llevan, cómo deben leerlos. Aprendieron a hacer viñetas, como los dibujos muchas veces se acompañan de bocadillos y la correlación que deben llevar las ilustraciones.

Ellos aprendieron, pero yo también. Aprendí que Pandereta tiene su particular modo de plasmar las cosas en un dibujo. Qué ella expresa su creatividad cómo quiere porque aún no tiene prejuicios. Y, sobre todo, que yo no soy nadie para imponer mi forma de ver la vida y el arte a un niño porque ellos son mucho más creativos que muchos adultos.

Ese dibujante me enseñó que mi hija no dibuja mal. Qué tiene su modo de ver las cosas. Que para ella son más importantes las elipses que las figuras, que colorea como quiere porque aún no le hemos “enseñado” el modo correcto. Y me hizo pensar si eso que creemos “correcto” no es otra cosa que hacer todo tal y como lo hacen los demás, coartando nuestra libertad, imaginación y creatividad.

No cortemos sus alas. Dejemos que crezcan y se expresen a su modo. Ellos son puro arte.