Bla bla, bla bla bla…

Escucho la radio. Hoy es un día importante y hablan de ello.  En el Parlamento se debate sobre la nación. Parece que tendremos un día de sesudos análisis y contraanálisis de expertos, de sondeos sobre quién es el ganador (A o B, al resto de participantes se les hurta la posibilidad de subir al pódium aunque compitan más que dignamente), portadas, páginas y páginas escritas.

A final, como soy una friki, seguiré el debate (no todo, mi grado de sufrimiento no llega ahí) por la radio. Empiezo convencida, esperando las propuestas del presidente de turno y las críticas de la oposición. Pero siempre termino igual: las bonitas palabras de uno y los dardos de otros se mezclan en mi cabeza en un bla bla bla incomprensible.

Daoíz y Velarde.

Lo que habrán escuchado los pobres Daoíz y Velarde

Y después la desolación. Saber que las propuestas solo tratan de convencernos de que volvamos a votarles. Propuestas que, en la mayor parte de los casos quedarán en un bla bla bla dicho un día del que ya nadie se acuerda y que nunca llegarán a cumplirse. Errores puestos de manifiesto que volverán a repetirse por unos y otros porque una cosa es predicar y otra diferente dar trigo.

Bla, bla, bla. Horas y horas de palabras. Mi atención centrada en sus mensajes. Tanto que aún no he sacado la ropa de la lavadora. Por su culpa tendré que volver a ponerla. ¡La próxima vez me quedo con una emisora musical!

P.D.: Hola mundo, ¿hay algún otro friki por ahí que vaya a seguir el debate o pasas de lo que digan nuestros representantes?